detrás de aquel suspiro que nos acompañó.
Pensaba que te dedicaba cada rayo de luz o cada nube cargada.
No.
Los colores, los aromas y la inmensidad que se sintió siempre fue de lo que fui.
Remodelaron el lugar en el que nos conocimos
y murió la dueña del árbol donde te lloré.
Aún me pregunto si existe un sitio que siga vivo por nosotros.
Alguna frase enterrada entre las capas de pintura del escritorio que compartimos.
Los nombres grabados en las listas de algún archivo, con fecha de hace seis años,
Un algo que sea testigo de aquellas horas en las que fui contigo.
Un sitio que nos recuerde.